Toño Merinero es motorista y artista; de lo segundo vive. Es motorista de una vieja Electra Glide, de una rancia BSA Lightnigth y de una humilde Vespa que son su medio de transporte… Depende para qué y cuando.

Con sus pinceles y su cámara de fotos va recorriendo el mundo. Indochina, Japón o Indonesia han sido su inspiración en los últimos años, y más recientemente la India ha sido la fuente de inspiración, recorriendo parte del poliédrico país, o mundo, porque la India es otro mundo, a lomos de una Yamaha de alquiler y una Vespa autóctona “Bajaj”.

A lo largo de varios estados, Rajastan, Goa, Delhi…, y con el instrumental a bordo, como los antiguos pintores de campo, como los impresionistas, fue tomando apuntes, yendo a desembocar, no casualmente, en la meca del cine indú, en Bolliwood: la gran metáfora de occidente en oriente, donde el cine musical, maravilloso cine autóctono, se mostraba en las carteleras, al viejo estilo, grandes pinturas en las fachadas, realizadas por artistas de la perspectiva desde la calle hacia arriba… El viejo oficio de la cuadrícula en las carteleras de los cines (ya desaparecidos) de las grandes avenidas de nuestras ciudades, pintados magistralmente en directo, aun se pueden recuperar en la lejana India. Para ello, Toño tuvo como colaboradores durante varios meses a estos artistas autodidactas de oficio heredado, que disfrutaron de la presencia de un occidental con otro ritmo…

Pero los viajes en su vieja Electra Glide – glide es una de las mejores definiciones de una Harley-“ deslizante”, como sobre una ola, también le inspiran en esta última colección de rancios carteles de motos y fotos de motoristas con el concepto clásico, del viejo estilo, para realizar su último trabajo: una edición gráfica que aúna los sueños de los viejos motoristas en unos carteles de producción limitada de 12 unidades por modelo.

La obra más reciente es un guiño de motorista para motoristas, imágenes evocadoras de un mundo anterior al 68, de viejos recuerdos realizados por medio de la técnica del estarcido, múltiples plantillas que se van superponiendo, como en un puzle imaginario, con un resultado primario y siempre diferente a sí mismo; algo mágico en unos tiempos veloces de diseño gráfico, de programas de ordenador y de rapidez de entrega. Ahora, nos tomamos un respiro y disfrutamos de todo el tiempo que Toño Merinero ha tardado en aprender de” los hombres sin prisa”, de la elasticidad del tiempo pactado; de las artes gráficas, frente a la industria gráfica.

http://bybike-antoniomerinero.blogspot.com/

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